La industria aeronáutica está bajo presión para reducir las emisiones de carbono, pero la popularidad del transporte aéreo continúa creciendo por el mundo. IATA, la asociación internacional de la aviación, pronostica que los números de pasajeros se doblarán a 8.200 millones al año para 2037. El fabricante de aviones Boeing prevé que habrá una demanda de más de 42.700 nuevas aeronaves durante los próximos 20 años. Airbus predice más o menos lo mismo. Por este motivo las compañías aéreas están intentando ser cada vez menos contaminantes pero de momento se limitan a compensar sus emisiones de C02, a la espera de los aviones de un futuro todavía lejano en que sea posible volar sin carburantes fósiles. Por el momento existen cuatro maneras de alimentar la energía de un avión: el queroseno, el hidrógeno –que necesita depósitos entre cuatro y seis veces más grandes–, las baterías –de momento demasiado pesadas– y los biocarburantes, todavía caros y en conflicto con la producción...